El 1 de junio de 2026, GitHub sustituyó la tarifa plana de Copilot por una facturación por consumo basada en tokens: el autocompletado de código sigue siendo gratuito, pero el uso agéntico se paga aparte. Sus 4,7 millones de suscriptores de pago reaccionaron en cuestión de horas, con cálculos de facturas que se multiplican por diez o por cincuenta y proyecciones de saltar de 29 a 750 dólares al mes. En su columna en EL PAÍS, Paloma Llaneza sitúa ese cambio dentro de una tendencia más amplia: los modelos llevan encareciéndose desde principios de año, Uber agotó su presupuesto anual de IA en cuatro meses y el sector tecnológico acumula más de 142.000 despidos en 2026.
El artículo conecta esa subida de precios con la presión por rentabilizar la inversión -Anthropic ha registrado su salida a bolsa antes que OpenAI- y con el debate de fondo sobre el efecto de la automatización en el empleo y la recaudación, recogido en trabajos como The AI Layoff Trap. La lectura final es deliberadamente incómoda: la velocidad a la que se vacían las oficinas no la deciden votantes ni parlamentos, sino quien fija el precio del token.

